Tras mi caparazón


Siempre me ha hecho gracia verle rodeado de gente mariposeando a su alrededor (generalmente mujeres). De hecho es una situación que él mismo provoca. Es de aquellas personas por las que no sabes muy bien porqué, uno se siente atraído, como si un pequeño e imperceptible hilo tirara de tí hacia él. Sin embargo, quizás conocedor de esa situación o por puro agobio, al mismo tiempo te empuja hacia el exterior de su círculo vital, como si de dos polos iguales que se repelen se tratara. Justo son estos movimientos de vaivén emocional lo que provocan es que te sientas aún más cautivado por esa persona, porque tendemos a querer lo que no tenemos.

Pero curiosamente, se siente solo. Soledad auto provocada quizás. Soledad en compañía; de ese tipo silencioso del que nadie se da cuenta.

Algo que me fascina es esa dualidad entre cómo nos sentimos y vemos a nosotros mismos, y cómo nos perciben los demás. Raramente coinciden, o al menos no plenamente. Hay muchas variables de las que no somos conscientes, comenzando por el lenguaje corporal, movimientos y tics que se escapan a nuestro control voluntario.

Si se trata de medio escrito, como éste, (sobreentendiendo de por sí que falta el tono de voz) dependerá mucho del vocabulario utilizado (y nuestras connotaciones personales que tengamos sobre cada palabra) y de si se conoce o no al que escribe para entender el mensaje de una manera u otra. Un mensaje escueto, una ironía, pueden provocar una sonrisa o ser absolutamente demoledores. Cuantísimos inequívocos creados por cuatro palabras mal entendidas o un punto fuera de lugar…

Pero vuelvo al tema de la imagen que proyectamos. Seguro que a vosotros os habrá ocurrido, que hay aspectos de nosotros mismos que desconocíamos y hemos aprendido (y seguimos haciéndolo) gracias a los demás; gente cercana por supuesto. En mi caso, lo hago intentando verme desde fuera (momento contorsionista del día), y procurando asimilar dicha información (a veces no es fácil y nos negamos a la evidencia).

Gracias a ello, puedo descubrir aspectos que limar, que mejorar o utilizar. Con utilizar me refiero por ejemplo a que si me considero una persona muy tímida, pero mi aspecto es el contrario y soy consciente de ello, puedo utilizarlo en mi beneficio, a la hora de defender una postura en una reunión, o en el momento de hacer nuevos contactos, aunque por dentro sepa que me muero de vergüenza.

No quiero hacer una oda a la falsedad, pero sí considero y creo firmemente que podemos mejorar y hacer un poco más allá de lo que creemos somos capaces; aunque el cansancio haga mella, o la pereza y el “yo no puedo, no soy capaz” sean tentadoras auto excusas.

Como diría mi amiga Noemí: ya se sabe, nadie es perfecto 😉

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2 comentarios sobre “Tras mi caparazón

  1. No hacer un esfuerzo por los demas es hoy una realidad constante. Pero la gratificación de no ser como todos y hacerlo sin esperar nada a cambio, acaba llegando, como que Dios existe.

  2. Esa dualidad es muy común.
    Quieres que la gente se te acerque no tanto por sentirte rodeado, sino más bien por confirmar que sigues siendo un as atrayendo la atención de otros. Y cuando ves que se te acercan, empiezas a darte por satisfecho, te inflas de orgullo, y ya lo demás ya da igual. “Pero no os alejéis mucho, que vuelvo a la carga otra vez…”
    O como ese tipo que se abrió un blog sólo para él, por escribir sin ánimo de compartir. Y resulta que como no recibe comentarios, se frustra; pero es que si le comentan mucho, siente que invaden su intimidad, y se frustra. A ese tipo lo tengo yo catado, pero bien.
    Complicadillos somos.

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