Sky is the limit


Fue una bonita ilusión mientras duró; una especie de espejismo acordado del que había que disfrutar a toda costa. El tiempo que se disponía era reducido.

Esa fugacidad produjo que afloraran todas las palabras, emociones y cuestiones que hacía tiempo se guardaban en algún recodo de la memoria; algunas de ellas vehementes y efusivas.

Parecía que se tuviera todo el tiempo del mundo por delante, que realmente aquellos minutos, incluso horas, hubieran producido algún cambio sustancial en la dinámica acaecida hasta el momento.

Pasaron los días, y poco a poco aquella impetuosidad se fue disipando, más rápidamente de lo que hubieran deseado, para transformarse en una tibia (casi fría) comunicación.

Y llegaron la época de los quizás:

– Quizás sea mejor así. Quizás es como debe ser. Quizás se vuelva a repetir. Quizás es mejor dejarle marchar…

Quién sabe… Sólo el cielo es el límite.

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Un grupo brillante.


Me váis a permitir que en esta ocasión me salga del estilo habitual de mis posts (si es que existe tal estilo).

Hace unos días, en plena preparación del evento TEDxAndorralaVella (del que formo parte como “curator”-organizadora), hice esta fotografía que colgué en mi cuenta de Instagram. La mano es de Pere, uno de mis compañeros de fatigas en esta aventura y me mostraba orgulloso una bombilla que les habían regalado a cada uno de los 650 organizadores de 90 países (ni más ni menos) que asistieron al evento TEDxSummit en Doha (Catar).

El hecho de contemplar esa sencilla imagen me reconfortaba, porque veía una representación de nuestro grupo; un compendio de diferentes componentes complementarios que acaban formando y produciendo un producto final (aunque suene pretencioso), brillante.

Podemos jactarnos de haber mejorado sobremanera respecto a las dos ediciones anteriores, que realizamos con presupuesto cero, tirando de contactos y agradeciendo a los ponentes que vinieran a Andorra por su cuenta y riesgo. En tan sólo tres ediciones hemos conseguido que se nos incluya con todos los honores en el mapa de TEDx que se organizan en España.

También hemos aprendido de muchos errores y el disponer de esponsorización ha ayudado mucho, sin duda; pero bajo mi punto de vista, sobre todo por haberse cohesionado el grupo y habérnoslo pasado “fenomenal”. Tanto, que días después notamos un cierto vacío por la falta de actividad frenética y el hecho de estar acompañados los unos de los otros y de toda la gente que ha estado con nosotros.

Somos un grupo de voluntarios que ponemos todo nuestro empeño, tiempo e incluso dinero para que este proyecto salga adelante; y sin esperar nada a cambio, oigan; algo impensable por estos lares. Son muchos los que a estas alturas aún preguntan qué sacamos de aquí, y es que no se dan cuenta que no todo es material, que ganamos en bienes intangibles: amistad, nuevos conocimientos y experiencias, el sentirnos orgullosos por compartir con todo el mundo ponencias e ideas que no se darían si no fuera por una iniciativa de este tipo, lo que es en definitiva, generosidad. Llamadme ilusa, no me importa.

Será quizás por nuestra propia predisposición (al menos en mi caso así ha sido), que han habido muchas risas, buenos momentos, frases y bromas que quedarán para la posterioridad de #TEDxAnd, surgidas entre bambalinas, durante el evento, en la cena del equipo organizador con los ponentes, en las charlas de grupo de Whatsapp (en qué momento se me ocurrió abrirlo), miles de e-mails, etc. Y dado que somos un grupo abierto, el mismo día se nos añadieron más personas que ahora ya formarán parte para siempre (hasta que ellas quieran) de esta familia.

Tengo fama de “emprenyadora”, pero qué le vamos a hacer, alguien tiene que hacer de martillo percutor 😉

Le dedico este post a mis compañeros de TEDxAndorralaVella, estoy súper orgullosa de vosotros: Elena Aranda, Pere Armengol, Xus Boya, Marina Castillo, Felipe Gallardo, José Nevado y Joan Pujal.

Cruce de caminos


Imagen

Últimamente la palabra “camino” viene de manera recurrente a mi mente. Quizás sean los muchos cambios y novedades que he vivido en el último año y medio los que me crean esa imagen mental (tengo memoria visual) del laberinto de sendas y rutas a escoger y recorrer.

A veces me paro a pensar en las casualidades, causalidades, coincidencias y otras hierbas. Hasta qué punto algunas situaciones pasan porque deben ocurrir o porque lo hemos provocado.

Por ejemplo, conocer a alguien en principio por coincidencia, mantenerle en tu vida (si es que lo permite) y que pase a ser una parte muy importante de ella por decisión propia.

Suelo marcarme objetivos de largo recorrido, carreras de fondo, de esas metas que tardas tanto en conseguir que son innumerables las ocasiones en las que estoy tentada a tirar la toalla porque pienso que estoy perdiendo el tiempo o esforzándome para nada. Pero en el fondo de mi mente algo me dice que llegará a ocurrir, aunque pasen años; y así acaba siendo, aunque el transcurso de tiempo es tan largo que nadie más salvo yo lo recuerda.

Para llegar a esos propósitos son muchas las travesías a tomar, muchas personas con las que te cruzas y como contaba en un post anterior, pueden o no acompañarte en el viaje.

Mis amigos, los que verdaderamente me conocen, siempre me dicen que tengo un radar con las personas (otra cosa es que haga caso a las señales que yo misma detecto). No puedo/quiero evitar hacer todo lo posible por mantener a mi lado a quienes considero buenas personas, pese a que su apariencia engañe; obstinación que mantengo aunque el feedback no sea el mismo por ambas partes, porque sé que acabaré dando la vuelta a la situación.

Espero que algún día nuestros caminos se crucen y tomemos juntos la misma dirección.